Estoy a cuatro cuadras del parque El Olivar, un gran parque de árboles de oliva, bello, tranquilo, limpio. En realidad es un lugar grande, verde, apacible, como si el concreto y el tráfico ruidoso se hubieran alejado. Pájaros, gatos, perros bien criados, gente retozando, palomas que han perdido el miedo, kioscos discretos, en fin, un lugar necesario para la vida. Camino hacia el. Hay una gran vereda rojisa que llama a caminar, y puede uno hacerlo por bastante más de un kilómetro bien largo, regularmente más. Dicen que “funcionario eue no abusa pierde su prestigio”, un dicho cierto, pero no es mi caso.

Soy funcionario de mi mismo, me provocó darme un rato para caminar y me lo doy. Paro de trabajar cuando deseo, sin violentar ni dejar parado a nadie, atiendo a tiempo mis quehaceres y las solicitudes y preguntas, pero me otorgo “tiempo” para mí, apenas veo la oportunidad, dejo los asuntos y me voy, solo conmigo y me pongo a buscar la compañía de todo lo natural, lo que nos rodea, sean seres racionales o irracionales, hablo de plantas y todo lo que hizo el Creador…

Entro a la laguna central, hay algunos patos y otras aves. Creo que ellas se miran entre ellas y nos hacen poco caso a las personas que caminas a su entorno. YO soy yo, yo mismo, la primera persona y por cierto me acompaña MÍ, mi voz interior, mi adlater que me acompaña a todos lados, es como mi bastón, mi soprte. Ese MÍ, es interior, con el hablo cuando pueda parecer que hablo solo. Eso pasa con mucha gente, se ve a cada instante por cualquier lugar. Está hablando solo, dice la gente con toda naturalidad.

Creo reconocer la banca en la que conocí a un ciego que llegó acompañado por su asistente, él se sentó y ella se retiró; era claro que esto de venir al parque lo hacían a menudo, resulto para mí un encuentyro muy especial, sobre este episodio escribí un cuentito de 100 palabras que titulé: “Mi amigo invidente”. Al fin resultó un encuento que recuerdo hasta hoy, no lo he vuelto a ver, es grande esta ciudad.

Me senté y de inmediato mi vista se dispersó a todo el panorama, no circulaba mucha gente, pero si lo suficiente. De pronto, sobre mi hombro derecho se posó una mariposa amarilla, totalmente amarilla, suave tono con algumas rayitas en sus alas plegadas verticalmente hacia arriba, era hermosa, delicada. Me asaltó de inmediato el recuerdo de la mariposa que hace ya bastantes años entró al cuarto de mi hijo Hernán Antonio y se quedó posada largo rato a los pies de su cama sobre la colcha azul, era amarilla también. Él que era un niño se quedó impresionado y mi esposa le dijo: pongámosle un nombre, Cascabel, el repitió Cascabel, creo que regresó otras veces, le tenía mucho cariño, como no querer a un animalito tan bello y delicado. También fue momento para recordar a la locomotora eléctrica de mi hijo mayor, Rafael. Era una Santa Fé, también mi esposa le puso por nombre Clementina, y así se llamó siempre, eran niños, ha pasado el tiempo…

Miro de reojo a Cascabel, acabada de bautizar, ¿me pregunto si en realidad me entenderá?, me escucha seguro, es entonces el momento de hablar con ella… Y debo de hacerlo de tal manera para que el encanto de este momento no se acabe.

Retiro mis anteojos, ya que como la tengo que mirar de reojo, veo su figura interpuesta por el marco del mismo, así la veo completa, tiene cinco patitas extremadamente delgadas. Cuanto pesará ella completa, es un dato que me falta saber, me parece increible que puedan volar larguísimas distancias, cuando hay lugares en los que hay vientos muy fuertes, o talves su poco peso les resulte una ayuda que llas deben ser expertas en aprovechar. Estoy siendo impaciente, solo hace minutos que estamos uno al lado del otro y ya pretendo saberlo todo.

Hola Cascabel, como estás le digo, no escucho respuesta, pero sí voltea a rirarme, hablé muy suave y así lo haré.

¿De donde vienes? Sé que vuelas entre centro y sud América, no vas más arriba, ese es territorio de las Monarca. Las clasifican los estudiosos con nombres raros, Cascabel, es más bonito espero te guste a tí también. Te cuento que he leído mucho sobre las mariposas, su proceso de formación hasta que llegan a ser adultas. Sé que el que prentenda tocarlas en su momento de formación o a tratar “ayudarlas” a salir de su trabajoso proceso de salir al mundo, lo único que hará es que de seguro, no podrásn volar nunca y no llegarán a desplegar sus hermosas alas.

Hay algo Cascabel que me dejó intrigado siempre, era saber cual era su tiempo de vida. Sé que tienen una vida corta, no más de 4 a 6 semanas. Álguien dijo que no vivían más de un día, pero no ese es un mito.

¡¡Hasta que Cascabel despertó y en tono muy suave, pero de reclamo!! me dijo, “vivo eternamente”. Mi especie es la Thomares Ballos, pero si te escucvhé, soy Cascabel para tí. Y te diré más, me gusta, nunca nadie de tu especie me habló nunca, por lo menos dirigiéndose a mí. Me caes bien. Te digo una cosa, tu especie grita mucho, a tí te siento como un compañero, hablas suavemente y miras y reparas en lo que nadie repara.

Soy un hombre afortunado, recordaré siempre este día Cascabel, nadie podra creer que conversé con una mariposa amarilla. Esta es una tarde en que el sol se empeñá por brillar, a tí te gusta el clima así o un poco más calido.

Me siento bien ahora, contestó. Y Cascabel prosiguio: Te decía que vivimos eternamente, desde que nos iniciamos en nuestro largo y delicado proceso de formación que se inicia con la fecundación, la hembra busca una planta específica con la que se alimentan sus larvas y deposita en ellas sus huevecillos. Pasa un tiempo y nace una oruga que muda la piel como cinco a ocho veces, nos alimentamos ávidamente y luego entramos a una vida latente. Una vez que encuentra un lugar adecuado, se fija por medio de seda, y permanece casi inmóvi hasta que deja su última piel y se forma la crisálida. Esta está cubierta por una membrana gruesa de quitina como protección para su tiempo de latencia que puede durar de diez días hasta más de un año. Luego las estruccturas de la mariposa adulta empiezan a formarse, hasta que soltamos un líquido que suaviza la cubierta y emerge con las alas húmedas, muy frágiles y retraídas. luego otro fluido, la hemolinfa, infla laas venas alares y así por fin llegan a ser lo que son nuestro orgullo, como las ves, coloridas y frágiles.

Yo, mudo y absorto…Que más se puede pedir en un día de vida.

Cascabel continuó: Luego ya muy adulta la mariposa, en una metamorfosis inversa, morimos para nuevamente reiniciar la metamorfosis, por eso te dije que vivimos eternamente.

Que maravilla me cuentas Cascabel, renaces permanente como el propio instante, el tiempo no es otra cosa que la simple y eterna sucesión de los instantes, el tiempo no existe realmente, tú y yo Cascabel somos mortales y eternos todo al mismo tiempo. Hay que ser capaz de enterder esto…

Que obtienen muchos de ustedes los humanos con vivir los días, miles de miles de días, dejando que transcurran las horas sin disfrutar lo verdaderamente disfrutable, agregó Cascabel.

Sí, en efecto, dejamos de hacer esto hoy, porque podemos hacerlo despues “hay mucho tiempo por delante, decimos”…caminamos mirando el suelo o un apartito fatal para la vida en sociedad, mató la vida cara a cara, de persona a persona. Creeme Cascabel que este momento que no sé cuando duró, vale por muchos días que he vivido.

No es vivir, es sobre vivir, dijo Cascabel…

Se me viene a la memoria que siempre me asiste oportunamente, algo que escribí no hace mucho: Nacemos en cada amanecer, y morimos en cada anochecer. El sueño es una muerte temporal que nos fortifica para nuestro renacimiento en una mañana nueva. Cada día es en sí toda una vida, y todas las experiencias humanas pueden suceder en su transcurso. Nadie es la misma persona que fue ayer, ni la que habrá de ser mañana; también el mundo cambia en cada revolución alrrededor del sol. Una persona vive un día, y otra 100 años (36,500 días), empero, ambos han vivido una vida completa. Hoy es la única vida que con certeza tenemos, saquémosle el mejor provecho. Hoy es presente y es futuro.

Me debo ir a casa, ¿podemos hablar otro día Cascabel?

Claro que sí, dijo Cascabel, me ha encantado conocerte.

Igual yo, siento lo mismo. Acompáñame hasta que termine el Olivar.

Emprendimos juntos el camino, Cascabel en mi hombre izquierdo…A propósito Cascabel, te pido que cuando me veas llegar la pxóxima vez, te poses en mi braxo o mejor de una de las palmas de mi maoo, desepo verte bien y como has estado en mi hombro, ya me está doliendo el cuello.

Bien dijo Cascabel, tenía temor…Ya no.

Aquí un síntoma de lo que hablamos: Nadie reparó en nosotros.

Cascabel se perdió en el bosque.

HBJ…

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