Me he acordado hoy de mi amiga Bárbara, mi amiga ciega que todo lo ve, también me he acordado de Ramiro Rojas, mi amigo extrañado a menudo y que hoy especialmente se me ha subido a la memoria. Me he acordado de la ciudad de Piura entre los años 50 y los 70.

En el año 1950 cuando llegamos con mis padres a esa ciudad tan distinta y querida donde viví años que no puedo ni deseo olvidar. Así recordé también el año de nuestra partida en el 1970, muy cerca de cumplir 30 años. Salimos de Piura solo con mi mamá y mi esposa y mi hijo mayor Rafael, los restos transitorios de mi papá se quedaron en el cementerio San Teodoro, su alma, su soplo vital se vinieron con nosotros. Él vive en nosotros de otra manera, muy cercana y querida, sí, siento su presencia permanente y cálida.

Mi instrucción secundaria en el colegio San Miguel de Piura ha sido para mí inmensamente grata y fui durante esos años hasta el final en 1957 muy feliz. Es cierto muy feliz, es verdad, he vivido una vida feliz. Mi papá y mi mamá me hicieron siempre muy feliz, diría sin temor a equivocarme que he sido un niño feliz, luego de joven también lo fui. Ellos me enseñaron a ser feliz, a convertir la felicidad no en un estado transitorio, ni mucho menos fugaz, para nada. Con ellos aprendí a estar en un estado de ánimo tal que, me permitía mantener la felicidad ante cualquier tipo de circunstancia. PUEDO DECIR SIN DUDA QUE, SOY FELIZ, QUE ES MUCHO MEJOR QUE ESTAR FELIZ…

Haga usted la prueba, no cometa nunca el pecado de no ser feliz.

HBJ.