La soberbia de los intelectuales
Los intelectuales no siempre son personas inteligentes y con sentido común

Cada vez que leo una carta en apoyo a una causa firmada por autodenominados “intelectuales peruanos” me pregunto si realmente ese membrete es suficiente para calificar automáticamente como bueno todo lo que ellos afirman. La historia nos demuestra que ser un gran intelectual no es sinónimo de infalibilidad. Al contrario, a nivel internacional tenemos muchos casos de lo contrario. Por ejemplo, los reconocidos premios Nobel de literatura Gabriel García Márquez y Pablo Neruda, quienes hasta su muerte fueron ardorosos defensores de las dictaduras comunistas de Fidel Castro y Stalin, respectivamente.

En Perú también tenemos muchos casos. El 22 de julio de 1965 desde París grandes personalidades de la época —como Mario Vargas Llosa, Hugo Neira y Julio Ramón Ribeyro— afirmaron en una carta: “Aprobamos la lucha armada iniciada por el MIR, condenamos a la prensa interesada que desvirtúa el carácter nacionalista y reivindicatorio de las guerrillas, censuramos la violenta represión gubernamental… y ofrecemos nuestra caución moral a los hombres que en estos momentos entregan su vida para que todos los peruanos puedan vivir mejor”. Todo un elogio poético a un grupo subversivo comunista, antecedente directo de los grupos terroristas Sendero Luminoso y el MRTA.

Los “intelectuales” también se identificaron con dictaduras como la de Juan Velasco Alvarado. El mismo Vargas Llosa, luego de la huelga policial del 5 de febrero de 1975 (donde se calcula que hubo más de 100 muertos) , afirmó que “Es porque esta tarea es impostergable, a menos que se prefiera el Apocalipsis, que yo, como muchos, a pesar de sus errores, intolerancias y exclusivismos, apoyamos todavía a este régimen. En las actuales circunstancias, no creo que haya otro capaz de llevar a cabo esa misión”.

De una opinión aún más radical eran los autodenominados “escritores comprometidos con la Revolución Peruana”, como Alfredo Barnechea, César Hildebrandt, Mirko Lauer y Julio Ramón Ribeyro, quienes justificaron la represión de la dictadura bajo la excusa que “Los hechos de violencia y pillaje ocurridos el miércoles 5 de febrero en Lima tuvieron un cierto propósito subversivo”. También agregaron: “Reafirmamos nuestra identificación con un proceso revolucionario nacional… Convocamos a la opinión democrática y progresista a sumar su propuesta a la nuestra contra la CIA, que aliada con la contrarrevolución aprista, ha intentado destruir el proceso de cambios más importante y genuino que ha tenido lugar en la historia de nuestro país”. No solo no criticaban a la dictadura militar por sus evidentes excesos, sino que desacreditaban las protestas en su contra insinuando que eran promovidas por los servicios de inteligencia de Estados Unidos y el Partido Aprista Peruano.

En 1989 un reconocido periodista e intelectual peruano como César Hildebrandt decía que “la violencia no es intrínsecamente mala, que puede haber una violencia generosa y noble” y que “Hay guerras justas y hay indignaciones necesarias. El MRTA se acerca mucho más a la nobleza y al gesto vital de reivindicación que Sendero”. Definitivamente ser intelectual no siempre es sinónimo de ser una persona inteligente y con sentido común.

Frank Krklec Torres

HBJ.